"Morir por morir" - читать интересную книгу автора (Marínina Alexandra)4Los chorros de agua, abrasadoramente helados, le hicieron estremecerse y comprobó con satisfacción la plétora de energía que despertaban en él mientras se restregaba la piel con un guante de crin hasta hacerla enrojecer. Se secó con toalla de rizo y empezó a afeitarse disfrutando con el placentero ardor que se expandía por su cuerpo rescatado de la gélida ducha. Se sentó a desayunar con un humor excelente y engulló con mucho apetito unos huevos fritos, dos salchichas, unas tostadas con queso y el café. – ¿No vas a llegar tarde? -le preguntó la mujer echando una mirada al reloj y enganchando en las orejas unos pendientes de plata-. Ya son las ocho y diez. – Hoy trabajaré en casa, quiero terminar de una vez el artículo. – Ay, qué envidia me das -dijo ella suspirando-. ¡Ojalá yo pudiera trabajar en casa! No sé cómo os lo montáis los tíos para buscaros esos chanchullos. Vale, pues me voy pitando. Cuando te apetezca parar un rato, ve a recoger los trajes a la tintorería, los recibos están encima de la nevera. – Ya los recogeré, ya los recogeré -respondió el hombre afable-. Cuando saque a pasear a Después de que la mujer se marchó, permaneció un rato sentado en la cocina, luego entró en la habitación, extrajo de su maletín unos papeles y los colocó en la mesa. El artículo estaba casi terminado, sólo faltaba escribir con rotulador negro las fórmulas y añadir dos o tres párrafos con las conclusiones. Una hora y media más tarde, el trabajo estaba terminado. Tecleó a máquina la última página, con el texto añadido, ordenó las hojas comprobando su numeración y las sujetó con un clip de plástico de color. Se quedó mirando la primera página, que encabezaban las mayúsculas del título del artículo, debajo del cual estaban impresos los nombres de los cuatro coautores. Sonrió, volvió a coger el rotulador y trazó alrededor de uno de los nombres un preciso rectángulo negro. Ahora sí que estaba satisfecho con su trabajo. |
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